¿Recuerdas?
Más que conducir te gustaba inventar.
Olores, historias, caminos.
Dejar la mano volar contra el viento, siguiendo las olas del trigal.
O de los naranjos.
Azahar y verdor en dosis intensas.
Siempre haciendo de pobres para esquivar autopistas
y dormitar juntos, en un arcén.
O me presionabas a levantar el pie del acelerador
al bordear el océano, porque perseguías
recovecos hechos de gotas de libertad que nunca terminaron de saciarte.
Yo a veces, aún te imagino aquí, ignorando mapas.
Prisas.
Pero tu ausencia
me deja como compañía el ronroneo del motor
y tus luciérnagas.
A la izquierda, un campanario.
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