Y regresé al cielo con una simple calada.
Esa era toda mi felicidad.
Una buena vista sobre el mar.
Viento con sal limpiándome la cara y aquel humo
denso reventándome los pulmones. Al flotar, en mi cabeza
no oía las protestas de otros. Rivalidades ajenas.
Madurez incumplida.
Y esa otra vez seriedad,
imposible de cumplir.
Por hoy, no había vuelta atrás.
Ni me quedaba amor,
por el que valiera la pena sufrir.
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