lunes, 25 de diciembre de 2017

Atardecer




Y regresé al cielo con una simple calada. 
Esa era toda mi felicidad.
 Una buena vista sobre el mar. 
Viento con sal limpiándome la cara y aquel humo
 denso reventándome los pulmones. Al flotar, en mi cabeza
 no oía las protestas de otros. Rivalidades ajenas. 
Madurez incumplida.
 Y esa otra vez seriedad, 
imposible de cumplir. 
Por hoy, no había vuelta atrás. 
Ni me quedaba amor, 
por el que valiera la pena sufrir. 


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