De un tijeretazo, el alma
querría y no puede limpiar la herrumbre
que la rutina nos pega en las alas.
Y en la derrota, ahí queda su piel flotando
entre las olas de un viento sin rumbo
que ya surca el infinito
en busca de otros páramos.
Y en la derrota, ahí queda su piel flotando
entre las olas de un viento sin rumbo
que ya surca el infinito
en busca de otros páramos.
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