lunes, 24 de diciembre de 2018

Bon Nadal



Hola, 

Hui escric ací per a dedicar-me un instant.
Per a regalar-vos un pensament, 
per a desitjar a tot hom un Bon Nadal, 

que passeu bones festes. 


domingo, 2 de diciembre de 2018

Hoy empieza el futuro de Roma.




     Delante de mí, no hay historia. 

Jamás antes un romano ha pisado estas tierras infectadas de bárbaros. Mi ejército debe saberlo y por eso me vitorea. A una sola voz. Y su alegría también es mi victoria. Del primero al último de mis hombres ha luchado hoy por mi honor y he vencido. Legionarios tan bien adiestrados que solo yo les oí temblar frente al hedor de la batalla. Su fe me es tan fiel que de preguntarles, seguro que me dirán que se olvidaron del hambre al cruzar los Alpes. Que para sobrevivir les basta con las gachas que pronto hervirán en las marmitas. O me repetirán que si han resistido las marchas austeras de esta campaña nada más ha sido por conocer de primera mano la hermosura de las mujeres galas y macerar su sed en ríos de vino germano.  Les entiendo. Aquí, ahora, empieza el futuro de Roma. Conmigo. No me hace falta un oráculo que me lo diga. La derrota del enemigo será el preludio a ese inmenso poder que me abrirá las puertas del senado en el hogar patrio y escribirá mi nombre a fuego en la tierra de los Dioses. 



    Y ya va siendo hora de volver. 





lunes, 20 de agosto de 2018

El veredicto



La margarita, desnuda, tiembla. 
Le asusta el aire que se lleva sus pétalos. 
Se sabe inútil, ahora que se ha quedado sin voz. Sin fuerzas. 
Quiere desaparecer, sin pronosticarnos  antes un amor eterno. 
Un futuro que compense este inesperado presente donde todo se reduce a este tu yo frío que se alza una y otra vez contra mis errores. 
Y las capas de silencio, ensuciándolo todo. 

Como los pétalos, al volar por el jardín. 

Le miro y me miro las manos, que aún huelen a crimen. 
Pero como las otras, esta margarita ya no dirá nada más. 
Ninguna corregirá su veredicto después de dar fecha de caducidad al amor que nos tenemos. 

Qué sabrán ellas de nuestro querer. 

De esa pasión que tú me demuestras cuando corriges mis fallos llenándome de moratones o de lo breve que es la distancia que nos separa de cuando te vas sin despedirte y dejas mi desayuno a medio tomar volcado sobre el fregadero. 

Una pasión en la que nunca duermo.

Pero la última margarita del jardín no nos ha entendido. 
Prefiere mentir y darme la espalda. 

Yo no tengo más remedio que pasar la tarde leyendo nuestro porvenir en las nubes. 

O esperando que florezca otra siembra de primavera, cuidando de tu amor...


martes, 31 de julio de 2018

Los celos


#historiasdeanimales

Acaba de llegar y ya ha cambiado todo de nombre. 
Él, que no tenía ni cama ni cuarto en la que siempre ha sido mi casa, en apenas dos días se lo ha quedado todo.
 Incluso mi alfombra ahora es mi alfombra.
Y por algún incomprensible embrujo, Ella, mi Diosa, se ha convertido en su madre. 

La orgullosa Madre. 

Un espécimen de sonrisa extraña que anima a las continuas oleadas de invitados a rodear la cuna. 
Juntos, cuchichean.
 Planean. 
Los más atrevidos, los mismos que antes agasajaban mis cariños en horas de fiel compañía, ahora cuelgan las manos sobre sus sábanas.
 Lo rozan.
Lo besan.
 Lo mecen. 
Otros esperan. 
Piensan en la merienda. 
Ríen. 

Risas que ya no son para mí. 
Que no se preocupan por mí.
 Ni por una vez me miran. 
Tampoco hay ninguna voz que me aparte del olvido. 
Es un nuevo mundo donde todo aviva mi humillación. 
Nadie la impide. 
Nadie la intuye.

 Y los celos empapan mi instinto de venganza con capas de distinta tersura. 
La primera, inaceptable.
 Corregida. 
Desdeñada. 

De la segunda a la cuarta el dolor va agrietando mi ciega fidelidad y en la quinta, la más temida, la que cambia caracteres y contenta demonios, me enseña a esperar el momento propicio para el desquite mientras espío a la familia desde el jardín, sin ganas de ladrarle a la lluvia. 


A Pedro. 


miércoles, 18 de julio de 2018

Gracias



             Pocas cosas más caben en la fotografía. Ni siquiera el título. Porque en este mundo estático que rellena la última página del periódico, unos ojos intensos miran al lector con una sabiduría que muy pocos escrutarán cuando paseen por la calle que siempre ocupa el dueño de esa mirada. En el suelo un cartel que, a veces, también es cobijo. Sobre el cartón se leen unas manchas que apenas forman parte de nuestro idioma. TENGO AMVRE. Los pasos ajenos mantienen sucia la acera pero el rincón que dominan esos ojos que protagonizan un retrato que se ha quedado sin título por la pereza de su autor, guarda una aura de decencia. Alrededor de los párpados, el color de una piel tan limpiamente retratada disimula el precio de cualquier pasado. No confiesa. Y su silencio nos deja sin saber la historia de ese hombre. 

En el otro ángulo del recuadro, la vida desvela una esperanza que la juventud del mendigo hace mucho que ha olvidado. Una niña, un oso de peluche y un helado a medio comer. El dueño de la cámara sigue en el anonimato. No juzga. Solo retrata. Y plasma la vergüenza del hombre al caer vencido por la caridad de una niña sin habla. Quizás charlen entre ellos cuando el lector aparte la vista del periódico. Entonces el hombre sin nombre recuperará su orgullo, balbuceará un gracias y verá marcharse a la niña sin su helado antes de caer en la cuenta de que a pesar de todo, el mundo vive. 

                            Y aún le guarda un hueco para él. 



miércoles, 23 de mayo de 2018

La frontera



Un paso. Otro paso.

No sé por qué hoy este poco pasillo me parece  interminable.

Al final, cinco escalones y un escenario me esperan.

Los focos. El micrófono. La visibilidad.

Entre mis pasos y las luces de candilejas un coro de susurros azuza al público.

En la tercera fila bosteza un niño de apenas diez años. Sentada en cohorte más de ataque que defensiva, esa legión de acólitos infantiles venidos a rastras obligados por su escuela soportará mi lectura pero no prestarán atención a mis versos. No les importan. Tampoco se fijarán en mi voz. En mi estilo al recitar. Simplemente resistirán porque a toda la clase se les ha prometido un cinco en una asignatura que hace meses todos tienen suspendida, solo por asistir. El resto de presentes aplaudirán, pensando en el vino que servirá la bodega que patrocina la gala.

Y al final, nadie dirá si les gustan mis poemas.

 Pero no anticipemos nervios.

Mejor espero.

La barrera que esta tarde he de cruzar es delicada. No presenta las barricadas comunes ni se ven brillar luces de precaución en cada uno de sus tramos. La frontera que he de atravesar para escapar de mí misma y parecer una rapsoda solo la entreveo yo junto al atril. Es estrecha. Casi etérea. Atrayente como un imán y repulsiva como el peor de los miedos. Pocas veces la enfrento. Pero hoy mi intención es asaltarla como si yo fuera un inmigrante en busca de la prometida libertad.

Por eso camino.

Sobre el escenario, al fin respiro. El éxito huele al polvo removido de arrastrar el telón. Resisto. Sonrío. Una mueca dirigida a mis seres queridos. Los presentes. Dentro de mi corazón, con los pies aún por cruzar la línea que separa el valor de los deseos, queda el recuerdo de un Lector Invisible. No quiere escapar de su encierro. Como antes, como siempre, su tacto será fiel a mis pensamientos. Y con su ayuda, me planto ante el atril, despliego mis versos y con el último impulso de mi poco valor encuentro la llave que abre mi peor frontera, saludo al público y empiezo el recital.



lunes, 1 de enero de 2018

Final de temporada.



Como si de una plaga venenosa
 se tratara,  te dejé mi adiós escrito 
en esas cien últimas palabras que derramé
 sobre las teclas del ordenador. Esta vez lo hice 
con cuidado. Solo mi voz y yo.
Sin mancharme.
 Sin quejarme. 
Por no engrosar el discurso me callé el resto.
 Mis deseos. 
El peso arrastrado desde nuestras pocas citas.
O ver lo mal que se nos dio  convivir
con un décimo de lotería que nunca salió. 
Pero las reglas de nuestra convivencia 
no dan espacio para despedirme.
Para curarme. O para contarte 
que esta primera noche antes del fin,
 empieza  un nuevo año. 
Como pude, me salí al rellano, 
te abandoné en el pasado  y llamé sola al ascensor.