Como si de una plaga venenosa
se tratara, te dejé mi adiós escrito
en esas cien últimas palabras que derramé
sobre las teclas del ordenador. Esta vez lo hice
con cuidado. Solo mi voz y yo.
Sin mancharme.
Sin mancharme.
Sin quejarme.
Por no engrosar el discurso me callé el resto.
Mis deseos.
El peso arrastrado desde nuestras pocas citas.
O ver lo mal que se nos dio convivir
con un décimo de lotería que nunca salió.
O ver lo mal que se nos dio convivir
con un décimo de lotería que nunca salió.
Pero las reglas de nuestra convivencia
no dan espacio para despedirme.
Para curarme. O para contarte
Para curarme. O para contarte
que esta primera noche antes del fin,
empieza un nuevo año.
empieza un nuevo año.
Como pude, me salí al rellano,
te abandoné en el pasado y llamé sola al ascensor.
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