lunes, 1 de enero de 2018

Final de temporada.



Como si de una plaga venenosa
 se tratara,  te dejé mi adiós escrito 
en esas cien últimas palabras que derramé
 sobre las teclas del ordenador. Esta vez lo hice 
con cuidado. Solo mi voz y yo.
Sin mancharme.
 Sin quejarme. 
Por no engrosar el discurso me callé el resto.
 Mis deseos. 
El peso arrastrado desde nuestras pocas citas.
O ver lo mal que se nos dio  convivir
con un décimo de lotería que nunca salió. 
Pero las reglas de nuestra convivencia 
no dan espacio para despedirme.
Para curarme. O para contarte 
que esta primera noche antes del fin,
 empieza  un nuevo año. 
Como pude, me salí al rellano, 
te abandoné en el pasado  y llamé sola al ascensor. 


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