Resurge de tus cenizas, alma oculta.
Consuélate por el dolor padecido, tú, traicionado corazón.
Déjame recobrar la fuerza de mi espíritu, orgullo herido,
para que en mi mente se recubra de hastío,
este pasado compartido,
logrando ignorar su consuelo
y conseguir así, huir de sus manos.
Callad en vuestra tortura, mis lágrimas cobardes.
Alejadme de este fracaso, mis pies cansados.
Apartad de él mi mirada, mis ojos tristes.
Cerrad todas las posibles súplicas, vosotros, labios vacilantes,
para que tú, piel vacía, ignores la añoranza de sus gestos,
enfríes el tacto de mis dedos
al esquivar la última de las caricias.
Mantén mis manos inmóviles, tú, escasa cordura,
permitiéndome escapar de mis miedos
alejándome para siempre, del vacío de sus brazos.
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