lunes, 16 de octubre de 2017

El Emigrante




Nunca fui patriota. 
Ni político. 
Aunque por debajo de la piel lleve peores defectos.
 Como cierto imán para los líos, poca gracias para el arado 
y un miedo absoluto a perder mis raíces 
en el fondo de este mar tan azul. 
E inesperadamente inmenso. 
Una prisión que solo comprendí sin horizontes ni regreso
 cuando la realidad me sacó del equipaje su primer jueves
 y nos anunció la hora de acudir a ese baile 
 donde tú prometiste esperarme 
todas las semanas vestida de domingo.
Por no ver el mar cierro los ojos y ahí te veo, 
en nuestra esquina de la plaza, 
 sin importarte lo grande que sea el océano
 o lo lejos que el miedo de un hombre 
pueda alejarle de su cuna cabalgando sobre sus olas.