Hoy llueve.
Un agua borracha de gotas irrepetibles,
muda y sorda a la voz de tantos
náufragos sedientos.
Hoy que el silencio no sabe aún gritar basta,
la vida se escribe sobre charcos
de tinta invisible.
Y al fondo, entre nubes de olvido y mar,
la ciudad sigue respirando en la nada.