Al otro lado de la ventana
no se ve el cielo
y también lo echo en falta.
Esa sábana azul que seguro
seguirá volviéndose gris
cuando la desborde la lluvia,
roja al intuir el poniente o áspera
las tardes en que el humo que acompaña
la siega del arroz anuncia el otoño.
Sí, ya sé, debo escuchar otros idiomas.
Amoldarme a estas cuatro paredes frías
que siguen sin darme conversación.
Pautar mis pasos a los estertores de un invierno
que me verá envejecer, sin ti. Mientras, padezco
horas infinitas entrecortando nuestros secretos,
porque mi voz no toca tu cielo, ni tu perdón me llega hasta aquí.