Frágil como una falda al viento.
Así es la memoria.
Escueta, como un garabato ilegible
diciendo adiós a la nada.
Escasa, como un dulce devorado
cuando el hambre te angustia.
Gris, como una nube de tormenta
cuando acuna en su lecho al rayo.
Selectiva, como un niño escogiendo amigos
cuando de ganas de jugar, se trata.
Escurridiza, como una anguila en la balsa
donde su pescador, la busca.
Inconstante, como la realidad más dura
cuando tus besos me olvidan
y mi recuerdo te llama.
Inútil, como un jarrón sin flores
cuando los años te oxidan.
Fría, como sentir la luz de la luna
sin compañía.
Insensible,
cuando busco tu nombre en mis susurros
y solo brilla una brizna de bambú, en la repisa.